sábado 26 de abril de 2008
Se presentó Desmemorias en el "marco" del Bafici. 300 ocuparon las escalinatas. La seguridad del shopping no pudo impedirlo.
jueves 24 de abril de 2008
A darle la espalda a los despidos de Macri.
Le reclamábamos al Bafici que nos cuente historias.
La presentación de la novela era la excusa.
En la semana previa, las niñitas A y M, fueron en los medios, la imagen del acampe cultural en Avenida de Mayo.Se enviaron y reenviaron miles de mails. La eclipsada editorial aportó el mejor papel ilustración que control print imprimió solidariamente. Laura y Contanza inundaron el Bafici con 6000 invitaciones. Bere se ocupó de la prensa y de la usina Púan. Estuvimos en todas la fiestas, a la entrada y salida de cientos de proyecciones. Limamos a nacionales y extranjeros con la propuesta. En los últimos 10 días dormimos muy poco. Madrugamos para atender a las radios, a las chicas de Cátedra Libre y a Roberto Gamarra.
Elvis y Vilma aportaron el sonido, a las 18 hs murió el generador. El eterno Aníbal atravesó la ciudad para arreglarlo. La negra Moni tenía todo listo. A las 1940 hs. enfrente sonó el ultimo tema de Sumo y se imprimieron los títulos del documental Luca, J vino gritando como loco: Ahora!!!. Enbondi band arrancó con el primer cover de los redondos, la masa atravezó la calle y fue ocupando sus lugares en las escalinatas. Al comienzo había mas handies de seguridad que espectadores. Los que querían que le cuenten historias, ocuparon sus lugares cerca del improvisado escenario. Los centenares que cruzaban la calle emocionados por Luca y el espíritu de los 80, venían de ver documental, registro de la aquella fiesta que eran las calles y los " paraculturales"; y quería fiesta y rock y la guitarra, la voz y la premezcla de todos los instrumentos de Ale se la dieron.
En eso estábamos cuando 10 de seguridad del shopping se fueron encima de los equipos y el músico y trataron de suspenderlo con el argumento "que no estaba autorizado" . El publico los chifló y J los convenció de que no tuvieran actitudes que llevaran a que la tribuna los linche; risueñamente, con la ayuda de la gente terminó corriéndolos, como Chaplin al fascismo. Se fueron y no volvieron mas.
Juan recordó el año 82 cuando recuperamos las calles e invocó el espíritu de festivales como Pan Caliente, donde Los Redondos y Luca se daban la mano, aquella costumbre de cederle el escenario a otro artista que aun no tiene público, el no vedetismo, la amistad fácil, desinteresada.
Ale la descosió y fue una fiesta, a las 2030 hs en punto, el actor callejero Agustín Millán, de quien nunca conseguimos que estudie la letra, pero que corrió a cuanta actriz de cine conoció en estos días, se calzó la camiseta del bostero del capítulo 1 de Desmemorias. El que está de ácido en la tribuna en el 92, aquel día que Boca salió campeón luego de once años; así arrancó las primeras carcajadas.
Luego vino el cierre Ale y Juan, que se conocían ese día, convocando a no dejarse privatizar el espacio público, convocando a los artistas, a los cartoneros y a todos a ocuparlo."Que nos nos hablen de la ciudad de la poesía y nos cierren los talleres de poesía" dijo el pelado poeta.Volvió la música y siguió la fiesta hasta que quisimos, como quisimos, sin pedir autorización, solo avisando.
Que se repita, que se multiplique en todas las esquinas.
Asi si, que va a estar bueno Buenos Aires.
sábado 8 de diciembre de 2007
Se presentó Desmemorias
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Y llegó el día nomás, ayer 7, se presentó Desmemorias. La revelación fue el actor Agustín Millán que interpretó al bostero del capitulo 1 (EL 92, Ya se acerca nochebuena...) y a todos los personajes que en el aparecen. Actor de la academia -de la academia de teatro no, de la academia Racing Club- pero no se notó , hasta se calzó el gorrito azul y oro de Carlitos, el bostero, el que corría a Osvaldo Soriano, y actuó todos los personajes, cantó las canciones, de forma brillante, realmente un hallazgo.
Mis felicitaciones para el entonces.
Entre el público, se pudo ver a algunos de los personajes en que me inspiré y a los delegados del subte a quienes doné una parte de la edición y que además de darnos un ejemplo cotidiano de verdadera democracia, están armando su Comisión de Cultura, que ya cuenta con una editora-distribuidora, entre otras iniciativas.
En 20 días aproximadamente estará en las librerías. Si desea recibirlo antes, en su domicilio con un 25% de descuento: $20 (mas $5 de gastos de envío), solicítelo a imassi@hotmail.com o al 46714005.
La prensa, revistas literarias, bibliotecas etc, pueden solicitarlo sin cargo.
domingo 2 de diciembre de 2007
Presentacion de Desmemorias
A las 23 hs Fiesta!!
Espero contar con vuestra grata presencia.
Juan Imassi
martes 20 de noviembre de 2007
3. Luca Prodan.
En esa época no había muchos pelados y menos con ese look.
Le digo a mi amigo: -Ese es un loco. Yo lo conozco. Es el cantante de una banda under. Lo fuimos a ver con Altamira, el cordobés amigo de mi primo, una noche al Einstein.
En el bar de la esquina, antes de entrar habíamos bebido abundante vino blanco, frío, que era la bebida que me gustaba a esa edad, los 19 años. Doblando por Pueyrredón y caminando de una punta a la otra de la cuadra, por paranoia de los azules, habíamos fumado.
Estábamos del tomate, no se si porque la espinaca era mejor en esa época o porque a uno le hacía mas efecto, o las dos cosas.
Cuando subimos la escalera del Einstein, a un metro del último escalón, de golpe, sin que uno se espere tamaño recibimiento, estaba este pelado, el cantante, aullando sobre una música atronadora. Al igual que el resto de la banda, con medias de mujer en la cara como se ponían antes los asaltantes de bancos para desfigurárselas y que no los reconozcan.
Era una imagen fuerte, para nuestro estado, el cordobés se pegó tamaño cagazo, que tuve que ir a buscarlo para que volviera. Nos acomodamos a un costado del escenario. Varios de los personajes de la cultura under estaban ahí. Antes de entrar habíamos visto un cartel, como esos que se ponen en la entrada de los restaurantes, en la vereda, que escrito con marcador en papel afiche, decía el nombre de la banda:
Lo volví a ver en ese subte y se lo estaba contando a Rauli. El pelado notó que estábamos hablando de él y antes de bajarse se dirigió a nosotros.
Se bajó en el Abasto en la estación Agüero, hoy Carlos Gardel, que luego sería la de mañana en el abasto y en la que en cuyos azulejos, pinté cuando los radicales le cambiaron el nombre:
SI CANGALLO ES PERON
YO, SOY GARDEL
AGÜERO
i+i = 2i
En referencia a otro cambio de nombre que habían hecho los radicales, esta vez el de una calle.
El pelado vino, antes de bajarse, hasta donde estábamos nosotros y nos preguntó:
Y ahí nomás sacó una bolsa con su bagullo y nos dio una parte mas que interesante.
sábado 17 de noviembre de 2007
Brillante. La realidad, sus tiempos, las costumbres, como juegan en ese juego de ajedrez frenético que son los conflictos gremiales.
En la comida reunió a su tropa. Los sermoneó. Volvió a la carga con el discurso de la nueva etapa y cuidar el culo propio. Les metió miedo y aunque los viejos querían irse también, tenían cagazo, la historia de los últimos 45 años estaba cambiando y ellos no sabían lo que venía (en realidad nadie lo sabía y todo era paranoia)
Así que decidieron no firmar mas y una parte quedó con las vacaciones firmadas y la otra, se iba a tener que quedar, porque si llegaba un trabajo urgente, alguien iba a tener que hacerlo. Y la tarde pasó, ya que muchos que ya las tenían firmadas ni volvieron o cuando se enteraron mostraron su consternación pero ya no estaban obligados a hacer algo.
Volvieron las escaramuzas y el clima de tensión, pero menos.
La jugada se me volvía en contra, el tiro me salió por la culata, ahora se sumaba la posible división entre los que se iban a poder ir y los que no, y encima yo tenía un pasaje a Rio de esos baratos que no se puede cambiar la fecha, excepto pagando un fangote.
Obviamente no iba a dejar a mis compañeros solos, así que iba a perder mi pasaje.
Hasta que llegó el día del almuerzo de fin de año. Normalmente del restaurante donde se celebrara no se volvía a la oficina, muchos estaban borrachos y, así que la mayoría se iba directamente a la casa a dormir la mona.
Pero por la situación nos dieron solamente una hora, que era lo que correspondía los días normales y un tiempo imposiblemente corto para una celebración. Y ese fue su gran error. Nos fuimos a una fonda a unas 10 cuadras.
No se invitó a los jefes. Los pibes comieron y bebieron como nunca o mejor dicho como siempre en esas fechas, sobre todo bebieron. Todos, hasta los mas insospechados estaban en pedo, golpeaban las mesas, reclamando las vacaciones. El gallego se apresuró a traer la cuenta y de casualidad zafó de que no se la agarraran con él.
Esta es la mía pensé...
Cuando salimos paré 3 ó 4 taxis y los metí a todos adentro como pude. Estaban descontrolados, íbamos golpeando los autos al grito de:
El negro se había sacado la remera e iba sentado en la ventanilla con todo el torso afuera, le pedí que se hiciera cargo de ese pelotón, asintió con la cabeza y vaya si lo hizo ...
Cuando llegamos subimos las escaleras hasta el 4to piso cantando. Cuando entramos, los del sector obrero que estaban en la puerta descansando, nos miraban sin entender nada. Nunca habían visto a los técnicos así, en general en los paros que decretaba el gremio, cuando era dirigido por Guillan, antes que este se hiciera privatista, los técnicos a veces adherían y otras veces no, pero nunca eran la vanguardia y nunca gritaban en las asambleas, ni nada.
Me quedé. Recordé las primeras acciones que habían hecho los anarquistas a principios de siglo cuando destruían las máquinas y sabía que eso era contraproducente, no había vuelta atrás, si hacíamos eso nos iban a echar sí o sí.
Pero no quería aparecer como flojo ante el negro, que al fin se había desatado y había dejado sus dudas (era del Pi, de su ala mas crítica, de la localidad de Moreno en el GBA).
Él era, en definitiva el único con el que contaba para la pelea y no podía decepcionarlo. Así que sacamos todos los planos, mientras los demás seguían destruyendo todo y los colocamos en el piso del hall donde estaban los ascensores.
Después le pedí que me indicara donde habia planos viejos, que se habían descartado porque no servían. Esos los pusimos arriba de todo y e hicimos bollos con ellos. Mandamos a otro de los pibes al comedor del primer piso, donde estaban los jefes, para que nos avise de sus movimientos.
Al ratito, volvió corriendo por la escalera diciendo que estaban en la puerta del ascensor del segundo piso, esperando para subir. Ahí nomás les prendimos fuego a los bollos de los planos que no servían. Los buenos estaban abajo, apilados como en resmas y así era muy difícil que se quemaran rápido, por lo menos calculaba que nos iba a dar tiempo para negociar las vacaciones, y apagar el fuego a tiempo, antes de que se quemaran.
Luego los jefes se encerraron en su oficina y a los 5 minutos no mas, salieron y les firmaron las vacaciones a todos los que las pidieron. Con todos los días que tenían acumulados, en las fechas que quisieran, sin ningún condicionamiento. ¡Fue un triunfo total!
CONTINUA EL VIERNES 7 DE DICIEMBRE
EL LUNES: EL CAPITULO 3. LUCA PRODAN.
miércoles 14 de noviembre de 2007
En el partido me tocó a mi el pan y queso contra Pablito que era el habilidoso. Yo era arquero y al primero que elegí fue a Juan Domingo, para que juegue de 2, ya que con su tamaño cubría todo el arco.
En la primer jugada, pablito, eludió a varios y cuando le salí, me la tiró por arriba, de emboquillada. La pelota era de esas de papi, pesadas, para que no piquen mucho. Me estiré todo lo que pude con tanta mala suerte que me cayó muerta con todo el peso sobre la uña y me sacó de lugar el hueso del dedo chiquito. Cuando me lo vi, corrí hasta donde estaba el ropero y le pedí que me tire del dedo para acomodármelo.
No podía creerlo, cuando a mi crédito contra la privatización, el hijo dilecto del General, se le puso la cara blanca y fue a dar al suelo con sus 150 kilos desparramados en medio de la cancha.
Se desmayó el maricón. Hubo que atenderlo a él, del dedo me olvidé, me quedó mal para siempre. Menos mal que con ese pensaba ir al frente, resultó una metáfora premonitoria de lo que vendría después. Pero ese día, cuando el Jefe lo fue a melonear para que trabaje, quizás porque era uno de los que ya había alquilado en Claromecó o uno de esos balnearios donde iban los trabajadores y la clase media venida a menos, con sus familias, se plantó y lo mandó a la mierda.Así que el jefe, que no se la esperaba, se puso colorado como un tomate y puteando se encerró en su oficina.
Pese al clima, la cosa no se resolvía. Pensaba, tengo que hacer algo, porque si no se ve alternativa y todos los días los jefes presionan de tal forma, alguno va a terminar cediendo y luego vendrán otros.
Así que me mandé a la oficina y le dije que me firme las vacaciones a mi, que no era indispensable y tenía un pasaje a Brasil, como desentendiéndome del resto. Yo era el delegado recientemente electo.
Los jefes deben haber estado acostumbrados a negociar con delegados flojos o directamente vendidos y también con otros muy duros y conocían la diferencia. Este entró como por un tubo y me firmó las vacaciones a mi solo. Antes de que pudiera terminar de levantar la lapicera, ya tenía la hoja en mis manos, y nervioso, salí gritando:
Ahí nomás se armó una cola como de 30 en la puerta de su oficina con las planillas en la mano. Los otros jefes que hasta el momento trataban de disuadirnos, se empujaban para ser los primeros a los que les firme.
El tipo se vio envuelto en esa marea eufórica y ¿que iba a hacer ?
¿Contar la verdad? No atinó a nada, firmaba enmudecido, una palabra podía hacerlo pasar de héroe a linchado y le comieron la lengua los ratones. Y firmaba y firmaba.
Hasta que reaccionó y dijo: